En la temporada 2015/16, la Fórmula E aún era un experimento eléctrico con aspiraciones globales. Los monoplazas eran rudos, la tecnología limitada y el ruido —o más bien, su ausencia— desconcertaba a los aficionados acostumbrados al rugido de los motores térmicos. Aquel año, la categoría celebraba su segunda temporada y empezaba a permitir a los equipos desarrollar parte de su propio tren motriz, un paso tímido hacia la competencia técnica.
Era una época de pioneros. Los nombres de la parrilla sonaban casi artesanales: ABT Schaeffler Audi Sport, Dragon Racing, Renault e.dams, Virgin Racing y el recordado Trulli GP, el equipo fundado por el expiloto de Fórmula 1 Jarno Trulli. La escudería italiana no llegó a disputar una sola carrera completa: limitaciones financieras y problemas técnicos con los motores Motomatica forzaron su retirada antes del inicio del campeonato. Su lugar lo ocuparía más tarde Jaguar, debutante en 2016/17, que hoy se ha convertido en una de las potencias indiscutibles del certamen.
Aquella era la FE de los aventureros: estructuras pequeñas, pilotos que mezclaban oportunidad y veteranía, o presupuestos ajustados. Nombres como Buemi, di Grassi o Nelson Piquet Jr. compartían parrilla con jóvenes buscando un hueco en la élite.

Diez años después, la categoría es otra. La parrilla actual es un escaparate de fabricantes globales: ABT Lola, Citröen, Cupra Kiro, Jaguar, Nissan, Penske, Porsche y Mahindra, la única que ha mantenido su denominación original desde la era Gen1.
La FE ya no es una curiosidad tecnológica, sino un laboratorio rodante donde los fabricantes prueban sistemas de propulsión que acabarán en sus vehículos de calle. Los ingenieros de pista son ahora parte de proyectos de desarrollo industrial y los datos de carrera alimentan programas de simulación de eficiencia y software.
Los pilotos también han evolucionado con la categoría. Dennis, Evans, Vergne o Wehrlein son especialistas eléctricos que dominan la gestión energética y térmica con una precisión de relojero.
De los callejeros improvisados al Gen3 Evo:
La FE nació con la promesa de llevar la competición eléctrica al corazón de las ciudades, y en 2015/16 eso se cumplía al pie de la letra: Berlín, Buenos Aires, Londres, Moscú o Putrajaya eran trazados levantados a contrarreloj en pleno entorno urbano.
Hoy, sin perder ese espíritu, el calendario combina circuitos callejeros icónicos —Mónaco, Roma, São Paulo— con trazados permanentes o semiurbanos como Misano o Portland, adaptados al rendimiento extremo del Gen3 Evo. Desapareció el cambio de coche a mitad de carrera, una imagen ya nostálgica, y el campeonato incorporó estrategias dinámicas con el Attack Mode, además de introducir el Attack Charge, una recarga ultrarrápida que promete añadir un nuevo nivel táctico.
Fanboost, el experimento más interactivo del automovilismo:
Uno de los rasgos más distintivos de aquella primera etapa fue el Fanboost, una idea tan innovadora como polémica. Los aficionados podían votar por su piloto favorito en redes sociales y los más votados recibían un extra de potencia durante unos segundos en carrera.
La intención era loable: convertir al espectador en parte activa del espectáculo. Pero también generó debate por introducir un factor de popularidad en un deporte regido por el rendimiento puro. Pese a ello, el Fanboost fue una seña de identidad de la FE durante siete temporadas. Desapareció en 2022, cuando el campeonato decidió centrarse más en la gestión táctica y técnica. Fue el adiós a una era en la que la categoría no temía experimentar.
Neumáticos, una historia de evolución silenciosa:
La evolución de los neumáticos refleja el propio crecimiento de la FE. En los primeros años, Michelin apostó por un compuesto polivalente, más enfocado en la sostenibilidad que en el rendimiento extremo. Con la llegada del coche Gen3, el relevo lo tomó Hankook, que aportó consistencia técnica y eficiencia a medida que aumentaba la potencia de los bolidos.
Ahora, con la transición hacia el Gen4 a la vista, el testigo pasará probablemente a Bridgestone, marcando un nuevo capítulo tecnológico.
Hacia la era Gen4:
Con el Gen4 previsto para 2026, más ligero, más potente y con sistemas de carga aún más rápidos, la FE entra en una nueva fase. El objetivo es claro: reforzar su papel como el laboratorio eléctrico más avanzado del mundo.
De los modestos monoplazas idénticos que se intercambiaban a mitad de carrera a las bestias de tracción total que hoy baten récords, la FE ha recorrido un camino vertiginoso.
Ya no se trata de convencer: se trata de competir. Y cada temporada lo hace más inteligente, más limpio y más rápido.

