FE

OPINIÓN – Carta a los Reyes Magos

Este año, queridos Reyes Magos eléctricos, no os escribo como niño, sino como aficionado que ha visto demasiado como para creer en la casualidad, pero lo suficiente como para seguir creyendo en las segundas oportunidades.

Cassidy merece una. Salió de Jaguar sin un Mundial, y eso dice más de lo cruel que puede ser la Fórmula E que de su talento. Fue constante cuando otros fallaban, rápido cuando el campeonato exigía cabeza y cabeza cuando la parrilla pedía caos. Por eso, en esta carta os pido algo muy concreto: que sea el líder real de un nuevo proyecto, uno que gire a su alrededor. Que Citroën no llegue como marca nostálgica, sino como estructura ambiciosa, y que el neozelandés sea su eje. Que gane carreras, que vuelva a estar en la conversación, que obligue a Jaguar a preguntarse si se equivocaron dejándolo marchar. Y, si el automovilismo tiene memoria, que antes del Gen4 lo cambie todo, pueda proclamarse campeón del mundo. No como promesa cumplida, sino como deuda saldada.

También os pido que el futuro empiece a ganar carreras. Barnard no debería esperar demasiado. Su primera victoria en FE sería algo más que una estadística: sería la confirmación de que Penske tiene un proyecto a largo plazo y no un experimento. Que su peso dentro del equipo sea indiscutible incluso compartiendo garaje con alguien tan establecido como Günther. La FE necesita que sus jóvenes no solo lleguen pronto, sino que ganen pronto.

Sé que este campeonato es extraño. Los coches van tan juntos que a veces la pista se convierte en un laboratorio de comportamiento colectivo. Estrategias que se retroalimentan, carreras que se deciden más por cuándo no lideras que por cuándo atacas. El famoso pelotón ciclista ha sido fascinante desde el punto de vista técnico, pero agotador desde el punto de vista emocional. Por eso, con la llegada del Gen4, os pido una ruptura: menos gestión extrema de la energía y más pilotaje puro. Que el talento vuelva a ser el factor diferencial. Que ganar vuelva a significar llevar el monoplaza al límite, no esconderse mejor que el resto.

Pero el deseo más profundo no tiene que ver solo con bólidos o reglamentos, sino con trayectorias. La FE necesita rejuvenecer sin perder credibilidad. Que más pilotos lleguen desde la Fórmula 2 no como descartes del sistema, sino como elecciones conscientes. Y aquí es donde entra una figura clave que a veces se simplifica demasiado: Martí.

El español no es un recién llegado sin pasado. Viene de la academia de Red Bull, una de las estructuras más exigentes —y despiadadas— del automovilismo moderno. Haber pasado por ahí significa haber sido comparado, medido y presionado al límite desde muy joven. Que pilotos con ese bagaje encuentren en la FE un espacio real de crecimiento es vital. No solo para la categoría, sino para el ecosistema completo.

Porque este es otro de mis deseos: que la Fórmula 1 no deje de mirar a la FE. Que el salto sea una posibilidad y no una rareza. Pilotos como Barnard, con vínculos claros con McLaren, o Martí, con formación Red Bull, encajan en una narrativa que el automovilismo necesita: la de una FE que no es un final alternativo, sino un camino distinto hacia la cima. No un refugio, un trampolín.

No os pido milagros, Reyes. Os pido algo más difícil: coherencia deportiva, memoria y valentía reglamentaria. Porque cuando la FE alinea ambición,contexto y talento, es capaz de contar historias que ningún otro campeonato puede contar.

Y este año, sinceramente, ya va tocando que esas historias tengan final feliz.

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